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Causas de la guerra «justa» (conveniente para los estados) según el cristiano Baltasar de Ayala (cobran mucha actualidad para el Occidente del s. XXI):

1.- La defensa del propio imperio.

2.- La autodefensa.

3.- La defensa de los amigos.

4.- La de los aliados.

5.- La de la propiedad.

6.- La que se inicia para recuperar las cosas que por la fuerza y de manera injusta son retenidas por los enemigos.

7.- Para entregar al suplicio a los autores de la injuria o daño.

8.- Para vengar la injuria recibida.

9.- Combate a los rebeldes.

Él diría que «son justas las guerras para aquellos que les son necesarias». Ve que la guerra solo debe ser autorizada por el príncipe (gobierno), pues en él debe residir la decisión de si hay guerra o paz. En el caso de los infieles (pobladores de otras regiones con diferentes usos y costumbres, de raza, lengua y religión distinta), menciona que no se les debe hacer la guerra por el simple hecho de ser infieles (cosa que a los musulmanes sí les suele parecer religiosamente aceptable).

Comentario al respecto: el cristianismo y los estados pluriconfesionales que han surgido a partir de él a partir de la Reforma y la Contrarreforma en Europa, han sido de propagar la fe y la democracia occidental con la espada, pero también de maneras más sofisticadas: la evangelización y la
propaganda. Aunque hay que reconocer históricamente que los musulmanes durante siglos toleraron a los infieles mediante tributos especiales en sus territorios, pero considerándolos ciudadanos de segunda: reconozcamos algo de sofisticación en su imponer el islam.

Pareciera, pues, que una religiosidad que dice «Amaos unos a otros» (Juan 13:34) se ha contradicho al tolerar la guerra hoy y siempre. Pero no olvidemos que los cristianos han inmortalizado y vivido estas concepciones también: «No penséis que vine a traer paz a la tierra; no vine a traer paz, sino espada» (Mateo 10:34), «Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios» (Lucas 20:25), «Mi reino no es de este mundo» (Juan 18:36).

Digamos que la guerra es una práctica humana tan antigua como vigente, que ninguna religiosidad vivida colectiva y realmente hasta hoy abomina de ella, sino más bien que se le tolera, hasta se le acepta, considerando que el reino todopoderoso de la moral o de la ética, de la paz perpetua, no es de este mundo. “Preferiría la paz más injusta a la más justa de las guerras”, decía Cicerón. Al respecto, los hombres, hasta ahora y por diversas circunstancias a estudiar, han sido bipolares.

Fuente: http://biblio.juridicas.unam.mx/libros/libro.htm?l=154

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